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jueves, 19 de febrero de 2026

Kuramas, el arte de cultivar sobre la roca

En el mundo del bonsái no todo ocurre dentro de una maceta tradicional. Existe un estilo que nos transporta directamente a las montañas más remotas de Japón, el cultivo sobre roca o Ishitsuki. Esta técnica, heredera del Penjing chino con más de 2000 años de historia, busca recrear paisajes naturales en miniatura donde el árbol parece nacer y fundirse con la piedra.

 

El alma de la montaña en tu jardín

Adentrarse en el mundo de las Kuramas es mucho más que elegir un recipiente para un árbol, es invocar la esencia misma del paisaje japonés en nuestro propio jardín. Estas piezas, ya sean talladas por el tiempo en las laderas del místico Monte Kurama cerca de Kioto, o moldeadas por las manos de artesanos ceramistas, rompen con la rigidez de la maceta tradicional para ofrecer un hogar orgánico y rústico al bonsái. Con su característico tono cobrizo y sus formas que evocan desde barcas hasta lunas crecientes, las Kuramas permiten que el árbol deje de ser un objeto cultivado para convertirse en un trozo de naturaleza viva que parece haber brotado directamente de una roca. En este artículo, exploraremos desde su origen geológico y su conexión con las leyendas de los Tengu, hasta cómo las reproducciones en gres logran capturar esa perfección imperfecta de la piedra natural.

 

¿Qué es exactamente una Kurama?

El término Kurama se refiere a un tipo de roca (o recipiente que la imita) con formas aleatorias, texturas rústicas y fracturas que transmiten una sensación de naturaleza salvaje.

 

El Origen: Kurama Ishi (鞍馬石)

La auténtica piedra Kurama proviene de la zona del Monte Kurama, al norte de Kioto, un lugar cargado de espiritualidad y cuna del Reiki.

El Monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons
Rio Kibune, origen de muchas de las rocas kurama.  Fuente Wikimedia Commons

 
Se trata de un granito ferruginoso (granodiorita) extraído cerca del río Kuramagawa. Su rasgo más distintivo es su color rojizo o cobrizo fruto de la oxidación del granito. Esto se debe a la alta concentración de pirrotina en el granito, lo que hace que se la conozca popularmente como sabi ishi o "piedra oxidada".

Naturalmente, estas piedras se hallan en estratos que, al separarse, crean formas que recuerdan ciclos lunares y reciben nombres como:

  • Mikazuki: Forma de cuarto menguante.
  • Funagata: Forma de barca, ideal para bonsáis de estilo inclinado.
  • Lajas: Formas planas, perfectas para crear bosques de árboles.

Entre las clases de kuramas existe otra variedad denominada (Kurokurama), de color negro, los cuales son utilizadas normalmente para los Suiseki.

Kurama en el jardín del Museo Conmemorativo Yasuyuki Namikawa Shippo. Fuente Wikimedia Commons

Como ejemplo de Kurama Ishi os dejo este magnífico ejemplar que se presentó en la Cuarta Edición de la Exhibición del Suiseki Japonés. El motivo principal es una kurama con inscripción Jakuchō (寂聴), procedente de la prefectura de Chiba, con forma de barca (Funagata) y acompañada de un Kakejiku escrito por Yūsui Toda con el texto: "Shunkō ju-hai ni iru" (春光入寿盃 - La luz de la primavera entra en la copa de la longevidad).

Kurama ishi, Inscripción: "Jakuchō". (44x20x27 cm.)

 

Kuramas artesanales, cerámica que imita a la naturaleza

Debido a la dificultad de encontrar estas rocas originales en la actualidad, ha surgido una increíble tradición de fabricación artesanal en cerámica. Para su realización se utilizan combinaciones de arcillas y óxidos colorantes cocidos a altas temperaturas (1,260º). El objetivo a conseguir no solo es crear un recipiente, sino emular texturas de rocas volcánicas, texturas y grietas reales para que la pieza parezca recién recogida de la montaña.

Kurama en elaboración.  Imagen de archivo de Orea Cerámica
 

Los colores se eligen para que armonicen con los tonos de la corteza de los troncos, manteniendo siempre un aspecto orgánico y exclusivo.

A modo de ejemplo de kuramas artesanales os dejo algunas piezas realizadas por mí con distintas arcillas, óxidos y texturas para simular distintos tipos de rocas.

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 15x12x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 31x21x20 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 11x9x5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 14x11x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 18x17x14 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

¿Qué plantar en cada Kurama?

No todas las rocas piden el mismo tipo de árbol. La forma de la kurama dicta el ritmo del paisaje que se va a crear.

Las Kuramas en forma de cuarto menguante (Mikazuki) y de barca (Funagata) suelen combinar muy bien con árboles en estilo inclinado e incluso cascadas o semicascadas, uniendo el dinamismo hacia un lado del tronco, con la longitud de la barca o la pared más alta de la forma de cuarto menguante. Esta composición crea la ilusión de un árbol que se asoma sobre un acantilado o la orilla de un río.

Para las Kuramas de formas más planas, conocidas como lajas, lo ideal es la formación de bosques. Al no tener profundidad, estas piezas obligan a usar grupos de árboles que comparten un mismo espacio, simulando una pequeña arboleda en una llanura rocosa. Estas composiciones transmiten una gran sensación de amplitud y realismo natural.

No olvides además que el color de la pieza es clave. Si usas una Kurama rojiza (ferruginosa), busca que el tono de la corteza del árbol armonice con la piedra para que parezca que siempre han estado juntos en la naturaleza.

 

Curiosidad Mística: El Rey Tengu

La montaña de donde provienen estas piedras no es un lugar cualquiera. Según la leyenda, allí habita Sōjōbō, el Rey Tengu. Se dice que esta criatura sobrenatural instruyó al famoso samurái Minamoto no Yoshitsune en el manejo de la espada y tácticas de guerra, otorgándole una fuerza sobrehumana.

Grabado de color en madera que representa al rey Tengu, Ushiwakamaru, enseñando artes marciales a Minamoto No Yoshitune en el monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons

Más que una maceta, un fragmento de historia

Como hemos visto, elegir una Kurama no es solo una decisión estética, sino un homenaje a una tradición milenaria que nació en China hace más de 2000 años con el Penjing. Ya sea que optes por una piedra natural extraída de las místicas laderas de Kioto o por una pieza artesanal de gres que emula con maestría las texturas de las rocas de la montaña , estarás aportando a tu bonsái un carácter único y exclusivo. Al final, el objetivo es el mismo que perseguían los antiguos maestros: borrar la línea entre el arte y la naturaleza, creando la ilusión de que nuestro árbol siempre ha pertenecido a esa roca.

 

Y tú, ¿ya te has atrevido con las Kuramas?

Si buscas una pieza exclusiva para tu próximo proyecto de bosque o en estilo inclinado, te invito a echar un vistazo a mi tienda de Etsy. Cada una de mis Kuramas está realizada manualmente, con texturas que son el resultado de años de analizar fracturas y texturas de las rocas naturales y utilizando arcillas y óxidos colorantes para que cada pieza sea genuina en diseño y color.

 

Referencias:

lunes, 29 de diciembre de 2025

Shudei: El corazón de arcilla roja del arte japonés

La arcilla shudei (朱泥) es más que un simple material cerámico, es el alma de dos de las tradiciones artísticas japonesas más refinadas, la ceremonia del té y el arte del bonsái.

Proveniente de Tokoname, uno de los Seis Hornos Antiguos de Japón (Rokkoyō), esta arcilla se distingue por su inconfundible color rojo bermellón y por sus propiedades únicas, ideales para la infusión de té y el cultivo de bonsáis.

Fábrica de artículos de cerámica en Tokoname. Fuente Wikimedia Commons. 

 

Origen y magia del color: La química del shudei

La arcilla shudei original se extrae en la región de Tokoname (Prefectura de Aichi) y es excepcionalmente rica en óxido de hierro (Fe2O3), siendo este el secreto de su color vibrante.

Para lograr el color rojo intenso de las piezas acabadas se realiza una técnica de cocción especializada llamada "apagada" o Sanpō-yaki. Después de cocer el gres a alta temperatura, el horno se sella, privándolo de oxígeno. La falta de oxígeno hace que el óxido de hierro (rojo) se reduzca químicamente a óxido ferroso (FeO), fijando el color rojizo-anaranjado característico.

Adicional a este proceso y con el objetivo de conseguir un efecto de sombreado en las piezas realizadas con arcilla shudei, se controla con precisión la atmósfera de reducción y las variaciones de oxígeno en el horno, de modo que el óxido de hierro se reduce en diferentes grados.

Con esta técnica conseguimos el efecto conocido como Bokashi (ボカシ) que significa "difuminado" o "gradación, creando un efecto de color degradado o moteado en la superficie de la pieza, variando el tono de rojo intenso a gris o negro.

El shudei en el arte del té (Kyūsu)

El uso más famoso del shudei es en la fabricación de las teteras tradicionales japonesas, las kyūsu (急須).

La arcilla shudei es excepcionalmente fina y presenta una baja porosidad. Esto permite a la tetera retener el calor eficientemente sin absorber el sabor del té. Se cree que el contenido de hierro en la arcilla reacciona con el té (especialmente con el té verde Sencha), suavizando el amargor y potenciando el sabor umami.

Con el tiempo, las teteras de shudei desarrollan un brillo profundo y una pátina hermosa, siendo piezas que maduran con el dueño.

Dos ejemplos de teteras realizadas en shudei por Jozan Yamada (I) y pertenecientes a la colección del Museo de Cerámica de la Prefectura de Aichi.

Donada por Jozan Yamada (III) y realizada entre 1921 y 1922. Fuente Wikimedia Commons


 
Donación de la señora Mineko Lida. Fuente Wikimedia Commons.

El shudei en el arte del bonsái

La durabilidad y el color de la arcilla shudei lo han establecido como el material predilecto para las macetas de bonsái, con Tokoname como su centro de producción.

La alta temperatura de cocción produce una cerámica de gres densa pero micro-porosa, lo que garantiza un drenaje superior y una aireación constante de las raíces, esencial para la salud del árbol.

El color rojo-terroso sin esmaltar de la arcilla shudei se considera la pareja perfecta para las coníferas y los árboles caducifolios, proporcionando un fondo visual neutro y complementario que realza el bonsái.

La calidad de las piezas de shudei es inseparable de la maestría de los artesanos de Tokoname, quienes han llevado la técnica a su máxima expresión.

Dentro de los artesanos que han destacado por sus trabajos en arcilla shudei están Naoyuki Maenami, fundador del horno Houkidō y padre de la técnica shudei bokashi, así como Hirata Atsumi, más conocido como Bigei y que ha sido el máximo exponente por la perfección de sus trabajo con este tipo de arcilla.

Maceta realizada en shudei que presenta una forma rectangular muy simple, tiene un acabado muy suave al tacto y ya una bonita pátina que irá mejorando con los años.
 
Colección de Orea Cerámica

 
Maceta realizada con la técnica de shudei bokashi de Izumi-ya/Zenigo que recuerda mucho a las antiguas macetas chinas. Con sello Zenigo o Senshirin, además del efecto conseguido en la arcilla shudei, presenta una excelente pátina que indica que es una maceta supuestamente muy antigua.
 
Colección de Orea Cerámica

Conclusión

La arcilla shudei de Tokoname, ya sea en la humilde perfección de una tetera kyūsu o en la sobria elegancia de una maceta de bonsái, es un testimonio de la maestría artesanal japonesa. Los alfareros, muchos de ellos reconocidos como maestros, han logrado dominar la compleja química del fuego y el hierro para crear un material que no solo es funcional, sino que realza y enriquece las artes que sirve.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Houkidō 峰輝堂

En las próximas líneas nos adentraremos en la historia de un taller japonés que aunque ya no produce macetas para bonsái, dejó una huella imborrable en el arte de la exposición. Se trata del horno Houkidō (峰輝堂), fundado por el maestro alfarero Naoyuki Maenami (前波 直之). Las macetas de Houkidō son raras, buscadas y objeto de admiración, no solo por su belleza sino por una cualidad casi mística, ya que su arcilla envejece como el oro. 

Naoyuki Maenami, nacido en 1942, fundó Houkidō en 1976 en Tokoname, uno de los centros cerámicos más importantes de Japón. Houkidō se centró principalmente en la producción de macetas de bonsái pequeñas y medianas. En un mercado dominado por la necesidad de macetas funcionales, Houkidō destacó de inmediato gracias a la capacidad de producir macetas casi de manera masiva a muy buen precio, pero con una técnica y estética inconfundibles: el Shudei Bokashi. 

La clave del prestigio de Houkidō radicó en su dominio de la arcilla Shudei, la clásica arcilla roja bermellón de Tokoname, y la aplicación de la técnica Bokashi, que significa "sombreado" o "gradación". El resultado es una maceta que se caracteriza por un acabado fino y pulido, donde la arcilla se ha tratado para conseguir esa superficie lisa y fina, y el color no es un rojo brillante uniforme, sino que presenta una sutil gradación de tonos más oscuros (a veces púrpura o marrón), confiriendo un aspecto más profundo y maduro desde el principio. Sin embargo, el mayor elogio para la obra de Maenami es la pátina que desarrollan sus macetas con el tiempo y el uso. Se dice que las macetas de Houkidō, una vez que son trabajadas por un coleccionista, adquieren una pátina tan rica que se confunden con la arcilla shudei china de los venerados periodos Shintō y Chūtō (los antiguos periodos de importación china). La belleza del acabado de las macetas de Houkidō, la cualidad para envejecer comparable a las históricas piezas chinas y su precio asequible, hacen que sus obras sean muy buscadas por los coleccionistas. 

Combinación de acabado Shudei Bokashi y pátina acumulada por el uso. (Tamaño: 10,5x 3 cm.)

A pesar de su éxito inicial, el maestro Maenami se retiró de la fabricación de macetas para bonsái a finales de la década de los 80. La razón de su retirada fue debida a la intensa competencia que existía en Tokoname y principalmente a que la popularidad del Shudei Bokashi de Houkidō, llevó a que otros talleres copiaran la técnica, saturando el mercado. Adicionalmente el auge y la alta valoración de las macetas Bigei (Yamaoka Minoru) también intensificaron la competencia por la arcilla roja de alta calidad. Al retirarse, Maenami centró su arte en la cerámica de uso general (teteras y tazas), convirtiendo sus macetas de bonsái en objetos de colección escasos.

A continuación os dejo algunos ejemplos de las macetas realizadas por este autor en distintas formas y tamaños y donde destaca la magnífica ejecución de la técnica de Shudei Bokashi.

Tamaño: 11,5x9x4 cm. 
 
Tamaño: 15x12x4 cm.

Tamaño: 30x24x4,7 cm.

Tamaño: 31,5x6,5 cm.

Finalizamos con dos composiciones que demuestran la versatilidad e impacto estético que producen laa macetas de Houkidō en distintos tipos de árboles.

Un maridaje inesperado pero armonioso. La delicada forma de flor (Rinka-shiki) del shudei contrasta con la rusticidad del Bunjin, pero la rica pátina de la maceta une el conjunto con gracia y antigüedad.

Pino negro bunjin (13 cm) en maceta Houkidō "Shudei Rinka-shiki".

 Maridaje convencional y versátil. El Shudei Bokashi armoniza tanto con árboles jóvenes como viejos. Se valora que "añade una cierta riqueza" a la composición, elevando el valor estético del bonsái.

Picea (Ezo matsu) de 18 cm.en maceta Houkidō Shudei ovalada.

Sellos y firmas de Houkidō

Referencias:

  • Libro ilustrado de macetas para bonsái. Volumen 2

 

 

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Ryūgaku Marutsune 竜岳

En el rico tapiz de la cerámica de Tokoname, la figura de Ryūgaku (竜岳), cuyo nombre real es Matsumoto Ryūshi (松本隆資) y cuyo taller era conocido como Marutsune Tōsho (丸恒陶所), ocupa un lugar singular. Aunque lamentablemente su producción ha cesado, su legado perdura en la memoria de los aficionados y en las valiosas piezas que dejó. La historia de Ryūgaku es un testimonio de maestría artesanal, eficiencia familiar y los desafíos que enfrentan las tradiciones artísticas japonesas. 

 

Matsumoto Ryūshi y el taller Marutsune Tōsho

Matsumoto Ryūshi, operando bajo el nombre de Ryūgaku, dirigió un taller que, a pesar de su tamaño modesto, dejó una huella significativa. La producción se basaba en una verdadera industria doméstica, llevada a cabo únicamente por la pareja formada por Matsumoto Ryūshi y su esposa. Esta dedicación familiar aseguraba un control de calidad personal y un toque artesanal en cada pieza. 

Ryūgaku era conocido por su dominio de la técnica, lo que le permitía implementar un método para reducir costes produciendo muchas piezas por unidad de tiempo. Esta eficiencia dentro de una operación artesanal es un rasgo distintivo, lo que le permitió ofrecer productos con una excelente relación calidad-precio en su momento, ganándose la lealtad de muchos fans. 

Sin embargo, la historia de Ryūgaku también es un reflejo de los desafíos que enfrentan muchas artesanías tradicionales en Japón. La operación se volvió difícil debido a su envejecimiento y la falta de sucesores, lo que llevó al cese de su producción. Esta interrupción ha transformado sus piezas de artículos accesibles a artículos valiosos en el mercado actual. 

 

La diversidad y el material distintivo de Ryūgaku 

La producción de Ryūgaku se caracterizaba por su gran variedad de productos. No se limitaba únicamente a las macetas típicas de bonsái, sino que entre su producción se incluía:

  • Platos Namban: Recipientes con una estética rústica, a menudo sin esmaltar, inspirada en la cerámica del sudeste asiático.
  • Placas de Cerámica: Piezas planas que demuestran la aplicación más decorativa de su técnica.
  • Macetas de uso general: Macetas diseñadas específicamente para plantas, generalmente más pequeñas y que, dentro del contexto del bonsái, podrían ser usadas para plantas de acento. 

Un elemento central de su obra era la elección de la arcilla. Ryūgaku utilizaba una arcilla rústica de Tokoname, muy parecida a la de Bizen. Esta comparación con Bizen, uno de los Seis Antiguos Hornos de Japón, famoso por sus arcillas sin esmaltar de gran calidad y resistencia, subraya la robustez, fuerza y el carácter terroso de las piezas de Ryūgaku. 

 

Obras Destacadas

La habilidad de Ryūgaku se evidencia en el detalle y la concepción de sus piezas, donde el material y el proceso de cocción son los protagonistas: 

Maceta redonda de estilo Namban caracterizada por haber sido producida en un proceso de cocción por reducción, donde se restringe el oxígeno del horno e influye significativamente en los colores que adquiere la arcilla, resultando en tonos marrones más oscuros e incluso negros. Otra característica importante de esta pieza es que una vez sacada del molde donde se hizo, intencionadamente, no se retocó de ninguna manera de tal forma que la textura de la arcilla quedara más natural y rústica, en línea con la estética Yakishime que valora la naturalidad y las marcas del proceso.

Tamaño: 40x8 cm.
 

Entre la producción de Ryūgaku no hay muchas macetas esmaltadas y se limitan a unos pocos colores que incluyen el azul claro (Kinyū), el azul oscuro (Ruriyū), el verde (Oribe) y el crema (Shino). Para las piezas esmaltadas utilizaba una arcilla diferente a la de las piezas más rústicas, probablemente debido a que una arcilla de grano más fino coge mejor el esmalte y la uniformidad del mismo es mayor.

Tamaño: 22,5x5,7 cm.

Maceta rectangular estilo Namban con una textura muy gruesa. Para conseguir esta textura la arcilla fue mezclada con arena lo que contribuye también a su robustez. Esta mezcla adquiere una superficie única que con el paso del tiempo y la pátina añade un notable valor estético a la pieza envejecida.  

Tamaño: 20x16,3x6,7 cm.
 

Conjunto de seis piezas antiguas diseñadas para ser usadas con plantas de cualquier tipo, especialmente de tamaño pequeño. Es una muestra de la versatilidad de Ryūgaku, ya que incluye tanto piezas sin esmaltar y aspecto rústico, como piezas con distintos tipos de esmaltes. 

Varios tamaños (aproximadamente 8x7,6 cm.).

Un legado duradero en el arte de la cerámica 

La obra de Ryūgaku Marutsune es un testimonio de la dedicación a la artesanía y la expresión del material. Sus piezas, caracterizadas por su honestidad en la arcilla, la influencia de los estilos Namban y Bizen, y la belleza que adquieren con el paso del tiempo, son ahora piezas deseadas para los coleccionistas. Aunque su taller ya no está en funcionamiento, el espíritu de la arcilla rústica fuerte y la maestría familiar de Matsumoto Ryūshi continúan enriqueciendo el mundo de la cerámica de Tokoname.

 

Sellos y firmas de Ryūgaku Marutsune


Referencias:

  • Libro ilustrado de macetas para bonsái. Volumen 2 

 

 

lunes, 7 de julio de 2025

Yakishime (焼締) : La belleza cruda y honesta de la cerámica sin esmaltar

La técnica Yakishime (焼締) representa una de las formas más antiguas y puras de la cerámica japonesa. A diferencia de las piezas esmaltadas que buscan la perfección de una superficie vitrificada, el Yakishime celebra la belleza intrínseca de la arcilla, el fuego y los efectos impredecibles de la cocción en el horno. Es una técnica que valora la naturalidad, la rusticidad y la expresión directa del material.

Bottle, Bizen ware, Momoyama period, 1500s AD, ceramic - Hakone Museum of Art - Hakone, Kanagawa, Japan - DSC08271
Cerámica Yakishime de Bizen-Yaki. Periodo Momoyama

 

Historia y orígenes del Yakishime

Las raíces del Yakishime se remontan a los orígenes mismos de la cerámica. Antes del desarrollo de los esmaltes, las piezas se cocían a altas temperaturas para vitrificar la arcilla y hacerlas no porosas. En Japón, esta técnica se consolidó durante el período medieval, especialmente en los Seis Antiguos Hornos (Rokkoyō): Bizen, Shigaraki, Tokoname, Tamba, Echizen e Iga.

Cada uno de estos hornos desarrolló su propio estilo Yakishime distintivo, influenciado por la arcilla local, los combustibles disponibles y las particularidades de sus hornos anagama (hornos de túnel) y noborigama (hornos escalonados o trepadores). El Yakishime fue fundamental en la evolución de la ceremonia del té japonesa, con piezas que encarnaban la estética del wabi-sabi.

 

Serving Dish (Hirabachi) with Circular Patterns (Botan-mochi) - Japan (MET, 2015.300.264)
 Plato para servir (Hirabachi) con patrones circulares (Botan-mochi)

 

Proceso técnico: Arcilla, fuego y transformación

El Yakishime es un proceso exigente que requiere de un profundo conocimiento de los materiales y del horno:

  • La arcilla: Se utilizan arcillas con alto contenido de hierro y sílice, que pueden soportar temperaturas extremas sin deformarse y que vitrifican parcialmente. Estas arcillas, a menudo ricas en impurezas, contribuyen a la textura y el color final de la pieza. La preparación de la arcilla es crucial para asegurar su resistencia.
  • La cocción: Las piezas se cuecen a muy altas temperaturas, generalmente entre 1200 °C y 1300 °C, o incluso más. La cocción es prolongada, pudiendo durar desde varios días hasta una semana, en hornos de leña tradicionales (anagama o noborigama).
  • El horno: El diseño del horno es fundamental. Los hornos de leña permiten que las cenizas de la madera caigan sobre las piezas, se fundan a las altas temperaturas y formen un esmalte de ceniza natural (自然釉 - shizen-yū). También se producen efectos conocidos como cicatrices de fuego (火襷 - hi-tasuki) o cambios de coloración por la variación de la atmósfera dentro del horno (oxidación o reducción).
  • Sin esmalte añadido: La característica definitoria es la ausencia total de esmaltes aplicados artificialmente. La superficie de la cerámica es el resultado directo de la interacción de la arcilla con el fuego y las cenizas.
Arcilla de la región de Echizen

Características estéticas: La belleza de lo natural

La estética del Yakishime es sutil, profunda y valora la imperfección y la casualidad generadas por el proceso de cocción. Adquiere colores terrosos y naturales donde la paleta de colores varía desde tonos rojizos, marrones, grises hasta casi negros, dependiendo del tipo de arcilla, la temperatura y la atmósfera del horno. Los matices son orgánicos y cambiantes.

Presenta texturas rústicas pasando de una superficie lisa y vitrificada en algunas zonas por el esmalte de ceniza, a otras rugosas y porosas, con las marcas de los dedos del ceramista o las texturas de la propia arcilla. Los efectos del fuego sobre el barro son considerados auténticos paisajes en la superficie de la pieza, incluyendo:

  • Shizen-yū (自然釉): Esmalte natural creado por la acumulación y fusión de cenizas de madera.
  • Hi-tasuki (火襷): Marcas de fuego que parecen cuerdas o cicatrices en la superficie, formadas por la interacción del calor con la paja o las fibras que se utilizan para separar las piezas en el horno.
  • Goma (胡麻): Puntos brillantes que parecen semillas de sésamo, formados por pequeñas partículas de ceniza fundida.

El Yakishime es una expresión honesta de la arcilla, sin artificios que permite ver y sentir el material en su estado más puro.

Técnica de Hi-tasuki (火襷). Imagen procedente del Blog Yamazaki

Variantes regionales y estilos específicos

Los Seis Antiguos Hornos de Japón son los principales exponentes del Yakishime, cada uno con sus particularidades:

  • Bizen-yaki (備前焼): Conocido por sus colores terrosos, la ausencia total de esmalte y las intrincadas marcas de fuego y ceniza. Piezas robustas y de gran carácter.
  • Shigaraki-yaki (信楽焼): Utiliza una arcilla gruesa que produce superficies rugosas y porosas. Famoso por sus tonalidades rojizas y las gruesas capas de esmalte natural de ceniza.
  • Tokoname-yaki (常滑焼): Especialmente reconocido por sus macetas sin esmaltar para bonsái y utensilios de té. Sus arcillas con alto contenido de hierro producen tonos rojizos y marrones cuando se cuecen en atmósfera oxidante. 
  • Iga-yaki (伊賀焼): Conocido por sus texturas rugosas, las marcas dramáticas del fuego y la formación de "perlas" de esmalte en la superficie debido a la alta vitrificación.
  • Tamba-yaki (丹波焼): Cerámica rústica con esmaltes de ceniza naturales que a menudo gotean.
  • Echizen-yaki (越前焼): Piezas robustas y utilitarias con una fuerte presencia de esmalte natural de ceniza.

Horno Tanikan en Shigaraki

 

Filosofía y estética: Wabi-Sabi en la Cerámica

El Yakishime encarna perfectamente la filosofía japonesa del Wabi-Sabi, que celebra la belleza de lo imperfecto, lo efímero y lo incompleto. No busca la simetría perfecta o un acabado pulcro, sino que valora la autenticidad, la pátina del tiempo y las huellas del proceso natural. Cada marca de fuego, cada variación de color, cuenta una historia y contribuye a la singularidad de la pieza. Es una apreciación de la belleza austera y la dignidad del material en su forma más elemental. 

Yakishime Chawans por Kishino Kan. Imagen procedente de Robert Yellin Yakimono Gallery

 

Uso en el Arte del Bonsái

En el mundo del bonsái, las macetas Yakishime son muy apreciadas por varias razones:

  • Complemento natural: Su acabado sin esmaltar y sus colores terrosos no compiten visualmente con el árbol, sino que lo complementan de forma natural. La maceta Yakishime permite que el bonsái sea el protagonista.
  • Armonía con la naturaleza: La textura rústica y las marcas del fuego de una maceta Yakishime se integran perfectamente con la apariencia envejecida de la corteza, las raíces y el follaje de un bonsái.
  • Desarrollo de la pátina: Con el tiempo y el uso, las macetas Yakishime desarrollan una pátina natural y única, absorbiendo los minerales del agua y el suelo, lo que realza aún más su carácter y belleza.
  • Resistencia y durabilidad: La cocción a alta temperatura confiere a estas macetas una gran resistencia y durabilidad, características esenciales para un recipiente de bonsái que debe soportar las inclemencias del tiempo. 

Maceta Yakishime estilo Namban de Matsushita Hiroyuki

 

Pieza estilo Namban hecha con la técnica Yakishime de Shibayama Saburō (Hisoku 秘色)

En conclusión, la técnica Yakishime es mucho más que un simple proceso de cocción sin esmaltar; es una manifestación artística y filosófica que celebra la interacción elemental entre la arcilla, el fuego y la mano del ceramista, creando piezas de una belleza profunda, honesta y atemporal.