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miércoles, 18 de marzo de 2026

Maceta para bonsái o simplemente una obra de arte: Bigei y el poder del dragón esculpido

El maestro ceramista japonés Bigei (美芸) es reverenciado por una filosofía: la maceta debe realzar el árbol. Su trabajo más conocido, el shudei-bokashi (arcilla roja sombreada), encarna esta sutileza. Sin embargo, en ocasiones, Bigei trascendió el rol de alfarero para convertirse en escultor, creando piezas que desdibujan la línea entre un recipiente y una obra de arte. Esta maceta circular con el motivo del dragón es una de esas excepcionales esculturas funcionales.

Imagen cortesía de Laos Garden. Tamaño: 33x33x23,5 cm.

Imagen cortesía de Laos Garden. Tamaño: 33x33x23,5 cm.
 

Los dragones, más que relieves, esculturas 

Esta pieza es un testimonio de la inmensa habilidad de Bigei en las técnicas ornamentales, las cuales exploró en profundidad como el relieve (ukibori) y la talla detallada. El motivo central de la maceta son dos dragones imperiales (el ryū) que dominan el cuerpo de la maceta, uno en posición ascendente y el otro en posición descendente. 

Imagen cortesía de Laos Garden. Detalle del dragón en posición ascendente.

Imagen cortesía de Laos Garden. Detalle del dragón en posición descendente.

Estos dragones está esculpidos con un relieve prominente y dinámico, que parece emerger de la arcilla. Cada escama, cada garra y cada mechón de su melena están detallados, capturando el movimiento y la energía inherente a esta criatura mítica. 

En Asia, el dragón es el símbolo por excelencia del poder, la fuerza, la buena fortuna y la sabiduría. La presencia de dos dragones en una maceta podría indicar una intención de máximo auspicio y poder. La distinción entre un dragón en posición ascendente (activo) significa la fuerza en acción, mientras que otro en posición descendente (pasivo), el poder latente o inactivo, y ambos en la misma escena, podría interpretarse como una dualidad, un ciclo o el intento de alcanzar un equilibrio (el poder visible, el crecimiento ascendente del árbol y la fuerza estable de las raíces, la longevidad y la tierra).

El uso de un tema tan potente como el dragón en dos estados no solo añade un gran valor estético, sino que dota a la maceta de una narrativa completa sobre la vida y la energía del bonsái: la fuerza que se ve y la fuerza que se nutre en secreto. Plantar un bonsái en esta maceta no es solo colocarlo en un recipiente, sino dotar a la composición de una capa adicional de significado majestuoso.

 

Anatomía de una obra maestra en arcilla

Más allá del motivo principal de la maceta, existen otros detalles adicionales que la hacen más especial aún y que detallo a continuación.
 
Para evitar que la maceta se sintiera desnuda alrededor de los dragones, Bigei aplicó un patrón geométrico minucioso en toda la superficie, incluido el labio superior. Esta textura constante proporciona un contraste controlado que permite que la forma orgánica y fluida del dragón resalte aún más.
 
Imagen cortesía de Laos Garden. Patrón geométrico presente en todo el contorno de la maceta.
 
 
La base de la pieza se asienta sobre patas talladas con forma de cabezas de bestia o dragón. Estas no son meros soportes; son extensiones del tema principal que anclan la maceta a la tierra con un aire de robustez y tradición.
 
Imagen cortesía de Laos Garden. Detalle de una de las patas con cabeza de bestia o dragón.
 
 
Aunque esta pieza está densamente decorada, Bigei se mantiene fiel a la arcilla roja Shudei, un material noble de Tokoname. La arcilla sin esmaltar garantiza que, con el tiempo, el dragón desarrolle una pátina que solo el paso de los años puede lograr, fusionando la escultura con el tiempo.
 

¿Maceta o escultura?

Esta obra de Bigei nos obliga a hacernos la pregunta: ¿es una maceta funcional o una escultura de arte cerámico?
 
La respuesta es que es ambas. Su forma y su material la hacen perfectamente apta para el cultivo de bonsái, pero la calidad del relieve y el detallado trabajo de talla la elevan a la categoría de escultura atemporal. Es una pieza que demuestra que la filosofía de Bigei—crear arte que realce el árbol—puede cumplirse incluso cuando la maceta por sí misma es, innegablemente, una obra de arte.
 
 
Nota: Esta entrada no podría haber sido posible sin la inestimable ayuda de Laos Garden y su magnífica selección de macetas.
 

 


Sellos y firmas de Bigei

Sello Bigei (美芸)

 

 

Firma Bigei (美芸)


Firma "Hecho por Bigei" (美芸造)


 

Firma "Hecho por Sansui" (山水作) 


 

jueves, 12 de marzo de 2026

Tankyo 丹鏡

Hay alfareros que hacen macetas y alfareros que además escuchan a los árboles. Ito Masaharu, conocido en el mundo del bonsái por su nombre de artista Tankyo (丹鏡), perteneció sin duda a la segunda categoría. A lo largo de más de siete décadas de trabajo junto al horno, este maestro de Takahama logró algo difícil de definir, pero imposible de ignorar: crear recipientes en los que los árboles no solo crecen, sino que lucen.

Jazmín asiático (Trachelospermum asiaticum). Altura 64 cm. Maceta redonda tipo Tankyō Nanban
  

Una familia, un horno, tres generaciones 

Nacido en 1914 en plena era Taisho, Ito Masaharu creció rodeado de arcilla, humo de horno y el sonido rítmico del torno. La alfarería Tankyo, que ya llevaba dos generaciones en manos de su familia, estaba ubicada en Takahama, una ciudad de la prefectura de Aichi históricamente vinculada a la cerámica, donde este oficio era respetado y una identidad. 

Con apenas 14 o 15 años, Masaharu comenzó a entrenarse en el torno bajo la tutela de su padre, Chojiro. No fue un aprendizaje suave ni rápido: el torno exige años de conversación silenciosa entre las manos y la arcilla, pero el joven demostró pronto un talento natural y una perseverancia que lo acompañarían toda la vida. 

Solo la Segunda Guerra Mundial interrumpió ese diálogo con el barro. Durante cinco años sirvió en el ejército. Cuando regresó, volvió al horno como quien vuelve a casa. 

 

El consejo que lo cambió todo

A principios de su carrera, dos vecinos y entusiastas del bonsái, Sanjiu Ichiyo y Kunio Sugiura, animaron a Masaharu a dedicarse específicamente a la fabricación de macetas para bonsái. El consejo llegó en el momento justo: la demanda existía, la tradición cerámica de Takahama proporcionaba el contexto, y las tierras de la región de Mikawa —ricas en arcillas de alta calidad— ofrecían la materia prima perfecta. 

Fue Ichiyo quien le señaló el camino estilístico: la cerámica Nanban cocida a alta temperatura, sin esmalte, con esa textura rugosa y orgánica que hace que una maceta parezca haber vivido tanto como el árbol que contiene. Masaharu no solo siguió el consejo sino que lo hizo suyo, lo profundizó y lo convirtió en su sello. 

Ciruelo japonés de 20 cm. de altura en maceta redonda Nanban de Tankyo con esmalte ámbar

La filosofía Nanban: belleza en lo imperfecto

El estilo Nanban (cerámica sin esmaltar, cocida a alta temperatura, con superficies que guardan la memoria del fuego) es en el mundo del bonsái mucho más que una opción estética. Es una declaración filosófica. 

Una maceta Nanban de Tankyo no compite con el árbol, no brilla, no llama la atención sobre sí misma. Su textura oscura y rugosa evoca roca, tierra de montaña, tiempo geológico. Junto a un pino centenario o un enebro retorcido por el viento, la maceta Nanban susurra el mismo lenguaje que el árbol: el de la permanencia, la paciencia y la belleza ganada con los años. 

Masaharu comprendió que una buena maceta de bonsái no es un pedestal sino que es un interlocutor. Y dedicó su vida a perfeccionar esa conversación entre el barro y la madera.

 

Un maestro del torno y mucho más

Lo que distinguía a Tankyo de otros ceramistas era la amplitud de su dominio técnico. Siendo ya reconocido como maestro del torno, capaz de crear piezas perfectamente proporcionadas con una precisión que solo dan los años, no se limitó a una sola técnica. Dominó también el modelado por cuerda, en el que rollos de arcilla se construyen en espiral para dar forma a la pieza, y el modelado por placas, que permite formas más angulares y arquitectónicas. Cada técnica daba a sus macetas una personalidad distinta, aunque todas compartían ese carácter esencial de la presencia silenciosa de lo bien hecho. 

Y aunque el estilo Nanban fue su especialidad y su fama, Tankyo nunca se encerró en él. Experimentó con esmaltes, exploró otras tradiciones cerámicas japonesas y demostró que la maestría verdadera no es rigidez, sino libertad ganada a través del dominio.  Como ejemplo, en la siguiente imagen podemos ver una selección de piezas del horno Tankyo que incluyen, de derecha a izquierda una maceta circular con borde interior Yakishime con esmalte de ceniza (11×2,5 cm.), una maceta con esmalte de fresno con borde interior redondeado (12×6,5 cm.) y un pequeño cuenco realizado en esmalte blanco y con una inscripción en azul.

Selección de piezas del horno Tankyo. 
 

De las piezas anteriores destaca el cuenco blanco esta decorado con un poema de la antología Kokinshu (905 d.c.), compilada durante la era Heian. El poema pertenece a Ono no Takamura y forma parte también del célebre Hyakunin Isshu, la colección de los cien poemas de cien poetas: 

«Cuéntale a la gente que el barco pesquero del arcoíris ha remado a través de las ochenta islas de las llanuras» 

La elección no es casual. Un ceramista que inscribe en su obra un poema sobre viajes, islas y horizontes lejanos nos revela algo de su mundo interior: la maceta no es solo función, es también memoria y contemplación.

 

Un legado perpetuado por los árboles que lo recuerdan

Ito Masaharu falleció a principios de la era Heisei, en 1989, dejando tras de sí décadas de obra y una filosofía que sus macetas continúan transmitiendo. Las piezas del horno Tankyo son hoy piezas de colección buscadas por aficionados y maestros de bonsái en todo el mundo.

Pero quizás su legado más verdadero no está en los museos ni en los catálogos de subasta; está en los árboles que todavía viven dentro de sus macetas (pinos, enebros, ciruelos) que con cada estación siguen demostrando que Tankyo supo encontrar el truco que buscaba: hacer piezas en las que los árboles crecen bien y lucen bien.

 

Sellos y firmas de Tankyo 


Referencias:

  • Libro ilustrado de macetas para bonsái. Volumen 3.

 

jueves, 19 de febrero de 2026

Kuramas, el arte de cultivar sobre la roca

En el mundo del bonsái no todo ocurre dentro de una maceta tradicional. Existe un estilo que nos transporta directamente a las montañas más remotas de Japón, el cultivo sobre roca o Ishitsuki. Esta técnica, heredera del Penjing chino con más de 2000 años de historia, busca recrear paisajes naturales en miniatura donde el árbol parece nacer y fundirse con la piedra.

 

El alma de la montaña en tu jardín

Adentrarse en el mundo de las Kuramas es mucho más que elegir un recipiente para un árbol, es invocar la esencia misma del paisaje japonés en nuestro propio jardín. Estas piezas, ya sean talladas por el tiempo en las laderas del místico Monte Kurama cerca de Kioto, o moldeadas por las manos de artesanos ceramistas, rompen con la rigidez de la maceta tradicional para ofrecer un hogar orgánico y rústico al bonsái. Con su característico tono cobrizo y sus formas que evocan desde barcas hasta lunas crecientes, las Kuramas permiten que el árbol deje de ser un objeto cultivado para convertirse en un trozo de naturaleza viva que parece haber brotado directamente de una roca. En este artículo, exploraremos desde su origen geológico y su conexión con las leyendas de los Tengu, hasta cómo las reproducciones en gres logran capturar esa perfección imperfecta de la piedra natural.

 

¿Qué es exactamente una Kurama?

El término Kurama se refiere a un tipo de roca (o recipiente que la imita) con formas aleatorias, texturas rústicas y fracturas que transmiten una sensación de naturaleza salvaje.

 

El Origen: Kurama Ishi (鞍馬石)

La auténtica piedra Kurama proviene de la zona del Monte Kurama, al norte de Kioto, un lugar cargado de espiritualidad y cuna del Reiki.

El Monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons
Rio Kibune, origen de muchas de las rocas kurama.  Fuente Wikimedia Commons

 
Se trata de un granito ferruginoso (granodiorita) extraído cerca del río Kuramagawa. Su rasgo más distintivo es su color rojizo o cobrizo fruto de la oxidación del granito. Esto se debe a la alta concentración de pirrotina en el granito, lo que hace que se la conozca popularmente como sabi ishi o "piedra oxidada".

Naturalmente, estas piedras se hallan en estratos que, al separarse, crean formas que recuerdan ciclos lunares y reciben nombres como:

  • Mikazuki: Forma de cuarto menguante.
  • Funagata: Forma de barca, ideal para bonsáis de estilo inclinado.
  • Lajas: Formas planas, perfectas para crear bosques de árboles.

Entre las clases de kuramas existe otra variedad denominada (Kurokurama), de color negro, los cuales son utilizadas normalmente para los Suiseki.

Kurama en el jardín del Museo Conmemorativo Yasuyuki Namikawa Shippo. Fuente Wikimedia Commons

Como ejemplo de Kurama Ishi os dejo este magnífico ejemplar que se presentó en la Cuarta Edición de la Exhibición del Suiseki Japonés. El motivo principal es una kurama con inscripción Jakuchō (寂聴), procedente de la prefectura de Chiba, con forma de barca (Funagata) y acompañada de un Kakejiku escrito por Yūsui Toda con el texto: "Shunkō ju-hai ni iru" (春光入寿盃 - La luz de la primavera entra en la copa de la longevidad).

Kurama ishi, Inscripción: "Jakuchō". (44x20x27 cm.)

 

Kuramas artesanales, cerámica que imita a la naturaleza

Debido a la dificultad de encontrar estas rocas originales en la actualidad, ha surgido una increíble tradición de fabricación artesanal en cerámica. Para su realización se utilizan combinaciones de arcillas y óxidos colorantes cocidos a altas temperaturas (1,260º). El objetivo a conseguir no solo es crear un recipiente, sino emular texturas de rocas volcánicas, texturas y grietas reales para que la pieza parezca recién recogida de la montaña.

Kurama en elaboración.  Imagen de archivo de Orea Cerámica
 

Los colores se eligen para que armonicen con los tonos de la corteza de los troncos, manteniendo siempre un aspecto orgánico y exclusivo.

A modo de ejemplo de kuramas artesanales os dejo algunas piezas realizadas por mí con distintas arcillas, óxidos y texturas para simular distintos tipos de rocas.

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 15x12x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 31x21x20 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 11x9x5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 14x11x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 18x17x14 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

¿Qué plantar en cada Kurama?

No todas las rocas piden el mismo tipo de árbol. La forma de la kurama dicta el ritmo del paisaje que se va a crear.

Las Kuramas en forma de cuarto menguante (Mikazuki) y de barca (Funagata) suelen combinar muy bien con árboles en estilo inclinado e incluso cascadas o semicascadas, uniendo el dinamismo hacia un lado del tronco, con la longitud de la barca o la pared más alta de la forma de cuarto menguante. Esta composición crea la ilusión de un árbol que se asoma sobre un acantilado o la orilla de un río.

Para las Kuramas de formas más planas, conocidas como lajas, lo ideal es la formación de bosques. Al no tener profundidad, estas piezas obligan a usar grupos de árboles que comparten un mismo espacio, simulando una pequeña arboleda en una llanura rocosa. Estas composiciones transmiten una gran sensación de amplitud y realismo natural.

No olvides además que el color de la pieza es clave. Si usas una Kurama rojiza (ferruginosa), busca que el tono de la corteza del árbol armonice con la piedra para que parezca que siempre han estado juntos en la naturaleza.

 

Curiosidad Mística: El Rey Tengu

La montaña de donde provienen estas piedras no es un lugar cualquiera. Según la leyenda, allí habita Sōjōbō, el Rey Tengu. Se dice que esta criatura sobrenatural instruyó al famoso samurái Minamoto no Yoshitsune en el manejo de la espada y tácticas de guerra, otorgándole una fuerza sobrehumana.

Grabado de color en madera que representa al rey Tengu, Ushiwakamaru, enseñando artes marciales a Minamoto No Yoshitune en el monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons

Más que una maceta, un fragmento de historia

Como hemos visto, elegir una Kurama no es solo una decisión estética, sino un homenaje a una tradición milenaria que nació en China hace más de 2000 años con el Penjing. Ya sea que optes por una piedra natural extraída de las místicas laderas de Kioto o por una pieza artesanal de gres que emula con maestría las texturas de las rocas de la montaña , estarás aportando a tu bonsái un carácter único y exclusivo. Al final, el objetivo es el mismo que perseguían los antiguos maestros: borrar la línea entre el arte y la naturaleza, creando la ilusión de que nuestro árbol siempre ha pertenecido a esa roca.

 

Y tú, ¿ya te has atrevido con las Kuramas?

Si buscas una pieza exclusiva para tu próximo proyecto de bosque o en estilo inclinado, te invito a echar un vistazo a mi tienda de Etsy. Cada una de mis Kuramas está realizada manualmente, con texturas que son el resultado de años de analizar fracturas y texturas de las rocas naturales y utilizando arcillas y óxidos colorantes para que cada pieza sea genuina en diseño y color.

 

Referencias:

lunes, 29 de diciembre de 2025

Shudei: El corazón de arcilla roja del arte japonés

La arcilla shudei (朱泥) es más que un simple material cerámico, es el alma de dos de las tradiciones artísticas japonesas más refinadas, la ceremonia del té y el arte del bonsái.

Proveniente de Tokoname, uno de los Seis Hornos Antiguos de Japón (Rokkoyō), esta arcilla se distingue por su inconfundible color rojo bermellón y por sus propiedades únicas, ideales para la infusión de té y el cultivo de bonsáis.

Fábrica de artículos de cerámica en Tokoname. Fuente Wikimedia Commons. 

 

Origen y magia del color: La química del shudei

La arcilla shudei original se extrae en la región de Tokoname (Prefectura de Aichi) y es excepcionalmente rica en óxido de hierro (Fe2O3), siendo este el secreto de su color vibrante.

Para lograr el color rojo intenso de las piezas acabadas se realiza una técnica de cocción especializada llamada "apagada" o Sanpō-yaki. Después de cocer el gres a alta temperatura, el horno se sella, privándolo de oxígeno. La falta de oxígeno hace que el óxido de hierro (rojo) se reduzca químicamente a óxido ferroso (FeO), fijando el color rojizo-anaranjado característico.

Adicional a este proceso y con el objetivo de conseguir un efecto de sombreado en las piezas realizadas con arcilla shudei, se controla con precisión la atmósfera de reducción y las variaciones de oxígeno en el horno, de modo que el óxido de hierro se reduce en diferentes grados.

Con esta técnica conseguimos el efecto conocido como Bokashi (ボカシ) que significa "difuminado" o "gradación, creando un efecto de color degradado o moteado en la superficie de la pieza, variando el tono de rojo intenso a gris o negro.

El shudei en el arte del té (Kyūsu)

El uso más famoso del shudei es en la fabricación de las teteras tradicionales japonesas, las kyūsu (急須).

La arcilla shudei es excepcionalmente fina y presenta una baja porosidad. Esto permite a la tetera retener el calor eficientemente sin absorber el sabor del té. Se cree que el contenido de hierro en la arcilla reacciona con el té (especialmente con el té verde Sencha), suavizando el amargor y potenciando el sabor umami.

Con el tiempo, las teteras de shudei desarrollan un brillo profundo y una pátina hermosa, siendo piezas que maduran con el dueño.

Dos ejemplos de teteras realizadas en shudei por Jozan Yamada (I) y pertenecientes a la colección del Museo de Cerámica de la Prefectura de Aichi.

Donada por Jozan Yamada (III) y realizada entre 1921 y 1922. Fuente Wikimedia Commons


 
Donación de la señora Mineko Lida. Fuente Wikimedia Commons.

El shudei en el arte del bonsái

La durabilidad y el color de la arcilla shudei lo han establecido como el material predilecto para las macetas de bonsái, con Tokoname como su centro de producción.

La alta temperatura de cocción produce una cerámica de gres densa pero micro-porosa, lo que garantiza un drenaje superior y una aireación constante de las raíces, esencial para la salud del árbol.

El color rojo-terroso sin esmaltar de la arcilla shudei se considera la pareja perfecta para las coníferas y los árboles caducifolios, proporcionando un fondo visual neutro y complementario que realza el bonsái.

La calidad de las piezas de shudei es inseparable de la maestría de los artesanos de Tokoname, quienes han llevado la técnica a su máxima expresión.

Dentro de los artesanos que han destacado por sus trabajos en arcilla shudei están Naoyuki Maenami, fundador del horno Houkidō y padre de la técnica shudei bokashi, así como Hirata Atsumi, más conocido como Bigei y que ha sido el máximo exponente por la perfección de sus trabajo con este tipo de arcilla.

Maceta realizada en shudei que presenta una forma rectangular muy simple, tiene un acabado muy suave al tacto y ya una bonita pátina que irá mejorando con los años.
 
Colección de Orea Cerámica

 
Maceta realizada con la técnica de shudei bokashi de Izumi-ya/Zenigo que recuerda mucho a las antiguas macetas chinas. Con sello Zenigo o Senshirin, además del efecto conseguido en la arcilla shudei, presenta una excelente pátina que indica que es una maceta supuestamente muy antigua.
 
Colección de Orea Cerámica

Conclusión

La arcilla shudei de Tokoname, ya sea en la humilde perfección de una tetera kyūsu o en la sobria elegancia de una maceta de bonsái, es un testimonio de la maestría artesanal japonesa. Los alfareros, muchos de ellos reconocidos como maestros, han logrado dominar la compleja química del fuego y el hierro para crear un material que no solo es funcional, sino que realza y enriquece las artes que sirve.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Houkidō 峰輝堂

En las próximas líneas nos adentraremos en la historia de un taller japonés que aunque ya no produce macetas para bonsái, dejó una huella imborrable en el arte de la exposición. Se trata del horno Houkidō (峰輝堂), fundado por el maestro alfarero Naoyuki Maenami (前波 直之). Las macetas de Houkidō son raras, buscadas y objeto de admiración, no solo por su belleza sino por una cualidad casi mística, ya que su arcilla envejece como el oro. 

Naoyuki Maenami, nacido en 1942, fundó Houkidō en 1976 en Tokoname, uno de los centros cerámicos más importantes de Japón. Houkidō se centró principalmente en la producción de macetas de bonsái pequeñas y medianas. En un mercado dominado por la necesidad de macetas funcionales, Houkidō destacó de inmediato gracias a la capacidad de producir macetas casi de manera masiva a muy buen precio, pero con una técnica y estética inconfundibles: el Shudei Bokashi. 

La clave del prestigio de Houkidō radicó en su dominio de la arcilla Shudei, la clásica arcilla roja bermellón de Tokoname, y la aplicación de la técnica Bokashi, que significa "sombreado" o "gradación". El resultado es una maceta que se caracteriza por un acabado fino y pulido, donde la arcilla se ha tratado para conseguir esa superficie lisa y fina, y el color no es un rojo brillante uniforme, sino que presenta una sutil gradación de tonos más oscuros (a veces púrpura o marrón), confiriendo un aspecto más profundo y maduro desde el principio. Sin embargo, el mayor elogio para la obra de Maenami es la pátina que desarrollan sus macetas con el tiempo y el uso. Se dice que las macetas de Houkidō, una vez que son trabajadas por un coleccionista, adquieren una pátina tan rica que se confunden con la arcilla shudei china de los venerados periodos Shintō y Chūtō (los antiguos periodos de importación china). La belleza del acabado de las macetas de Houkidō, la cualidad para envejecer comparable a las históricas piezas chinas y su precio asequible, hacen que sus obras sean muy buscadas por los coleccionistas. 

Combinación de acabado Shudei Bokashi y pátina acumulada por el uso. (Tamaño: 10,5x 3 cm.)

A pesar de su éxito inicial, el maestro Maenami se retiró de la fabricación de macetas para bonsái a finales de la década de los 80. La razón de su retirada fue debida a la intensa competencia que existía en Tokoname y principalmente a que la popularidad del Shudei Bokashi de Houkidō, llevó a que otros talleres copiaran la técnica, saturando el mercado. Adicionalmente el auge y la alta valoración de las macetas Bigei (Yamaoka Minoru) también intensificaron la competencia por la arcilla roja de alta calidad. Al retirarse, Maenami centró su arte en la cerámica de uso general (teteras y tazas), convirtiendo sus macetas de bonsái en objetos de colección escasos.

A continuación os dejo algunos ejemplos de las macetas realizadas por este autor en distintas formas y tamaños y donde destaca la magnífica ejecución de la técnica de Shudei Bokashi.

Tamaño: 11,5x9x4 cm. 
 
Tamaño: 15x12x4 cm.

Tamaño: 30x24x4,7 cm.

Tamaño: 31,5x6,5 cm.

Finalizamos con dos composiciones que demuestran la versatilidad e impacto estético que producen laa macetas de Houkidō en distintos tipos de árboles.

Un maridaje inesperado pero armonioso. La delicada forma de flor (Rinka-shiki) del shudei contrasta con la rusticidad del Bunjin, pero la rica pátina de la maceta une el conjunto con gracia y antigüedad.

Pino negro bunjin (13 cm) en maceta Houkidō "Shudei Rinka-shiki".

 Maridaje convencional y versátil. El Shudei Bokashi armoniza tanto con árboles jóvenes como viejos. Se valora que "añade una cierta riqueza" a la composición, elevando el valor estético del bonsái.

Picea (Ezo matsu) de 18 cm.en maceta Houkidō Shudei ovalada.

Sellos y firmas de Houkidō

Referencias:

  • Libro ilustrado de macetas para bonsái. Volumen 2