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jueves, 12 de marzo de 2026

Tankyo 丹鏡

Hay alfareros que hacen macetas y alfareros que además escuchan a los árboles. Ito Masaharu, conocido en el mundo del bonsái por su nombre de artista Tankyo (丹鏡), perteneció sin duda a la segunda categoría. A lo largo de más de siete décadas de trabajo junto al horno, este maestro de Takahama logró algo difícil de definir, pero imposible de ignorar: crear recipientes en los que los árboles no solo crecen, sino que lucen.

Jazmín asiático (Trachelospermum asiaticum). Altura 64 cm. Maceta redonda tipo Tankyō Nanban
  

Una familia, un horno, tres generaciones 

Nacido en 1914 en plena era Taisho, Ito Masaharu creció rodeado de arcilla, humo de horno y el sonido rítmico del torno. La alfarería Tankyo, que ya llevaba dos generaciones en manos de su familia, estaba ubicada en Takahama, una ciudad de la prefectura de Aichi históricamente vinculada a la cerámica, donde este oficio era respetado y una identidad. 

Con apenas 14 o 15 años, Masaharu comenzó a entrenarse en el torno bajo la tutela de su padre, Chojiro. No fue un aprendizaje suave ni rápido: el torno exige años de conversación silenciosa entre las manos y la arcilla, pero el joven demostró pronto un talento natural y una perseverancia que lo acompañarían toda la vida. 

Solo la Segunda Guerra Mundial interrumpió ese diálogo con el barro. Durante cinco años sirvió en el ejército. Cuando regresó, volvió al horno como quien vuelve a casa. 

 

El consejo que lo cambió todo

A principios de su carrera, dos vecinos y entusiastas del bonsái, Sanjiu Ichiyo y Kunio Sugiura, animaron a Masaharu a dedicarse específicamente a la fabricación de macetas para bonsái. El consejo llegó en el momento justo: la demanda existía, la tradición cerámica de Takahama proporcionaba el contexto, y las tierras de la región de Mikawa —ricas en arcillas de alta calidad— ofrecían la materia prima perfecta. 

Fue Ichiyo quien le señaló el camino estilístico: la cerámica Nanban cocida a alta temperatura, sin esmalte, con esa textura rugosa y orgánica que hace que una maceta parezca haber vivido tanto como el árbol que contiene. Masaharu no solo siguió el consejo sino que lo hizo suyo, lo profundizó y lo convirtió en su sello. 

Ciruelo japonés de 20 cm. de altura en maceta redonda Nanban de Tankyo con esmalte ámbar

La filosofía Nanban: belleza en lo imperfecto

El estilo Nanban (cerámica sin esmaltar, cocida a alta temperatura, con superficies que guardan la memoria del fuego) es en el mundo del bonsái mucho más que una opción estética. Es una declaración filosófica. 

Una maceta Nanban de Tankyo no compite con el árbol, no brilla, no llama la atención sobre sí misma. Su textura oscura y rugosa evoca roca, tierra de montaña, tiempo geológico. Junto a un pino centenario o un enebro retorcido por el viento, la maceta Nanban susurra el mismo lenguaje que el árbol: el de la permanencia, la paciencia y la belleza ganada con los años. 

Masaharu comprendió que una buena maceta de bonsái no es un pedestal sino que es un interlocutor. Y dedicó su vida a perfeccionar esa conversación entre el barro y la madera.

 

Un maestro del torno y mucho más

Lo que distinguía a Tankyo de otros ceramistas era la amplitud de su dominio técnico. Siendo ya reconocido como maestro del torno, capaz de crear piezas perfectamente proporcionadas con una precisión que solo dan los años, no se limitó a una sola técnica. Dominó también el modelado por cuerda, en el que rollos de arcilla se construyen en espiral para dar forma a la pieza, y el modelado por placas, que permite formas más angulares y arquitectónicas. Cada técnica daba a sus macetas una personalidad distinta, aunque todas compartían ese carácter esencial de la presencia silenciosa de lo bien hecho. 

Y aunque el estilo Nanban fue su especialidad y su fama, Tankyo nunca se encerró en él. Experimentó con esmaltes, exploró otras tradiciones cerámicas japonesas y demostró que la maestría verdadera no es rigidez, sino libertad ganada a través del dominio.  Como ejemplo, en la siguiente imagen podemos ver una selección de piezas del horno Tankyo que incluyen, de derecha a izquierda una maceta circular con borde interior Yakishime con esmalte de ceniza (11×2,5 cm.), una maceta con esmalte de fresno con borde interior redondeado (12×6,5 cm.) y un pequeño cuenco realizado en esmalte blanco y con una inscripción en azul.

Selección de piezas del horno Tankyo. 
 

De las piezas anteriores destaca el cuenco blanco esta decorado con un poema de la antología Kokinshu (905 d.c.), compilada durante la era Heian. El poema pertenece a Ono no Takamura y forma parte también del célebre Hyakunin Isshu, la colección de los cien poemas de cien poetas: 

«Cuéntale a la gente que el barco pesquero del arcoíris ha remado a través de las ochenta islas de las llanuras» 

La elección no es casual. Un ceramista que inscribe en su obra un poema sobre viajes, islas y horizontes lejanos nos revela algo de su mundo interior: la maceta no es solo función, es también memoria y contemplación.

 

Un legado perpetuado por los árboles que lo recuerdan

Ito Masaharu falleció a principios de la era Heisei, en 1989, dejando tras de sí décadas de obra y una filosofía que sus macetas continúan transmitiendo. Las piezas del horno Tankyo son hoy piezas de colección buscadas por aficionados y maestros de bonsái en todo el mundo.

Pero quizás su legado más verdadero no está en los museos ni en los catálogos de subasta; está en los árboles que todavía viven dentro de sus macetas (pinos, enebros, ciruelos) que con cada estación siguen demostrando que Tankyo supo encontrar el truco que buscaba: hacer piezas en las que los árboles crecen bien y lucen bien.

 

Sellos y firmas de Tankyo 


Referencias:

  • Libro ilustrado de macetas para bonsái. Volumen 3.

 

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