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jueves, 19 de febrero de 2026

Kuramas, el arte de cultivar sobre la roca

En el mundo del bonsái no todo ocurre dentro de una maceta tradicional. Existe un estilo que nos transporta directamente a las montañas más remotas de Japón, el cultivo sobre roca o Ishitsuki. Esta técnica, heredera del Penjing chino con más de 2000 años de historia, busca recrear paisajes naturales en miniatura donde el árbol parece nacer y fundirse con la piedra.

 

El alma de la montaña en tu jardín

Adentrarse en el mundo de las Kuramas es mucho más que elegir un recipiente para un árbol, es invocar la esencia misma del paisaje japonés en nuestro propio jardín. Estas piezas, ya sean talladas por el tiempo en las laderas del místico Monte Kurama cerca de Kioto, o moldeadas por las manos de artesanos ceramistas, rompen con la rigidez de la maceta tradicional para ofrecer un hogar orgánico y rústico al bonsái. Con su característico tono cobrizo y sus formas que evocan desde barcas hasta lunas crecientes, las Kuramas permiten que el árbol deje de ser un objeto cultivado para convertirse en un trozo de naturaleza viva que parece haber brotado directamente de una roca. En este artículo, exploraremos desde su origen geológico y su conexión con las leyendas de los Tengu, hasta cómo las reproducciones en gres logran capturar esa perfección imperfecta de la piedra natural.

 

¿Qué es exactamente una Kurama?

El término Kurama se refiere a un tipo de roca (o recipiente que la imita) con formas aleatorias, texturas rústicas y fracturas que transmiten una sensación de naturaleza salvaje.

 

El Origen: Kurama Ishi (鞍馬石)

La auténtica piedra Kurama proviene de la zona del Monte Kurama, al norte de Kioto, un lugar cargado de espiritualidad y cuna del Reiki.

El Monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons
Rio Kibune, origen de muchas de las rocas kurama.  Fuente Wikimedia Commons

 
Se trata de un granito ferruginoso (granodiorita) extraído cerca del río Kuramagawa. Su rasgo más distintivo es su color rojizo o cobrizo fruto de la oxidación del granito. Esto se debe a la alta concentración de pirrotina en el granito, lo que hace que se la conozca popularmente como sabi ishi o "piedra oxidada".

Naturalmente, estas piedras se hallan en estratos que, al separarse, crean formas que recuerdan ciclos lunares y reciben nombres como:

  • Mikazuki: Forma de cuarto menguante.
  • Funagata: Forma de barca, ideal para bonsáis de estilo inclinado.
  • Lajas: Formas planas, perfectas para crear bosques de árboles.

Entre las clases de kuramas existe otra variedad denominada (Kurokurama), de color negro, los cuales son utilizadas normalmente para los Suiseki.

Kurama en el jardín del Museo Conmemorativo Yasuyuki Namikawa Shippo. Fuente Wikimedia Commons

Como ejemplo de Kurama Ishi os dejo este magnífico ejemplar que se presentó en la Cuarta Edición de la Exhibición del Suiseki Japonés. El motivo principal es una kurama con inscripción Jakuchō (寂聴), procedente de la prefectura de Chiba, con forma de barca (Funagata) y acompañada de un Kakejiku escrito por Yūsui Toda con el texto: "Shunkō ju-hai ni iru" (春光入寿盃 - La luz de la primavera entra en la copa de la longevidad).

Kurama ishi, Inscripción: "Jakuchō". (44x20x27 cm.)

 

Kuramas artesanales, cerámica que imita a la naturaleza

Debido a la dificultad de encontrar estas rocas originales en la actualidad, ha surgido una increíble tradición de fabricación artesanal en cerámica. Para su realización se utilizan combinaciones de arcillas y óxidos colorantes cocidos a altas temperaturas (1,260º). El objetivo a conseguir no solo es crear un recipiente, sino emular texturas de rocas volcánicas, texturas y grietas reales para que la pieza parezca recién recogida de la montaña.

Kurama en elaboración.  Imagen de archivo de Orea Cerámica
 

Los colores se eligen para que armonicen con los tonos de la corteza de los troncos, manteniendo siempre un aspecto orgánico y exclusivo.

A modo de ejemplo de kuramas artesanales os dejo algunas piezas realizadas por mí con distintas arcillas, óxidos y texturas para simular distintos tipos de rocas.

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 15x12x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 31x21x20 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 11x9x5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 14x11x4 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 18x17x14 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

Tamaño: 17x15x14,5 cm. Imagen de archivo de Orea Cerámica

¿Qué plantar en cada Kurama?

No todas las rocas piden el mismo tipo de árbol. La forma de la kurama dicta el ritmo del paisaje que se va a crear.

Las Kuramas en forma de cuarto menguante (Mikazuki) y de barca (Funagata) suelen combinar muy bien con árboles en estilo inclinado e incluso cascadas o semicascadas, uniendo el dinamismo hacia un lado del tronco, con la longitud de la barca o la pared más alta de la forma de cuarto menguante. Esta composición crea la ilusión de un árbol que se asoma sobre un acantilado o la orilla de un río.

Para las Kuramas de formas más planas, conocidas como lajas, lo ideal es la formación de bosques. Al no tener profundidad, estas piezas obligan a usar grupos de árboles que comparten un mismo espacio, simulando una pequeña arboleda en una llanura rocosa. Estas composiciones transmiten una gran sensación de amplitud y realismo natural.

No olvides además que el color de la pieza es clave. Si usas una Kurama rojiza (ferruginosa), busca que el tono de la corteza del árbol armonice con la piedra para que parezca que siempre han estado juntos en la naturaleza.

 

Curiosidad Mística: El Rey Tengu

La montaña de donde provienen estas piedras no es un lugar cualquiera. Según la leyenda, allí habita Sōjōbō, el Rey Tengu. Se dice que esta criatura sobrenatural instruyó al famoso samurái Minamoto no Yoshitsune en el manejo de la espada y tácticas de guerra, otorgándole una fuerza sobrehumana.

Grabado de color en madera que representa al rey Tengu, Ushiwakamaru, enseñando artes marciales a Minamoto No Yoshitune en el monte Kurama. Fuente Wikimedia Commons

Más que una maceta, un fragmento de historia

Como hemos visto, elegir una Kurama no es solo una decisión estética, sino un homenaje a una tradición milenaria que nació en China hace más de 2000 años con el Penjing. Ya sea que optes por una piedra natural extraída de las místicas laderas de Kioto o por una pieza artesanal de gres que emula con maestría las texturas de las rocas de la montaña , estarás aportando a tu bonsái un carácter único y exclusivo. Al final, el objetivo es el mismo que perseguían los antiguos maestros: borrar la línea entre el arte y la naturaleza, creando la ilusión de que nuestro árbol siempre ha pertenecido a esa roca.

 

Y tú, ¿ya te has atrevido con las Kuramas?

Si buscas una pieza exclusiva para tu próximo proyecto de bosque o en estilo inclinado, te invito a echar un vistazo a mi tienda de Etsy. Cada una de mis Kuramas está realizada manualmente, con texturas que son el resultado de años de analizar fracturas y texturas de las rocas naturales y utilizando arcillas y óxidos colorantes para que cada pieza sea genuina en diseño y color.

 

Referencias: